El etiquetado exacto del contenido de alcohol es vital para cumplir tanto la normativa gubernamental como las expectativas de los consumidores. Fuente de la imagen: David, usuario de Flickr
Los consumidores confían en la veracidad de las declaraciones de los fabricantes de bebidas alcohólicas para tomar decisiones informadas sobre el tipo y la cantidad de bebidas alcohólicas consumidas. Por ejemplo, un vino con un 17% de alcohol puede no ser una elección prudente para una cena en la que los invitados esperan prolongar el consumo de varias botellas. Del mismo modo, un entendido en whisky puede tener preferencias muy concretas sobre el porcentaje exacto de alcohol que prefiere para optimizar su disfrute. Sin embargo, no solo la elección del consumidor puede verse afectada por el etiquetado del contenido de alcohol; la publicidad inexacta de los niveles de alcohol presentes en un producto puede dañar la confianza del consumidor y dar lugar a complicaciones legales. En 2013, se inició una demanda colectiva contra Anheuser-Busch, acusando al fabricante de cerveza de diluir sus productos y engañar a los consumidores al exagerar el contenido de alcohol. Aunque la demanda fue finalmente desestimada y fuentes independientes constataron que los productos en cuestión sí contenían los niveles de alcohol anunciados, el caso pone de relieve la importancia de la medición y el etiquetado del contenido de alcohol tanto desde el punto de vista legal como para preservar la reputación de la marca en el mercado.1
Los whiskies deben cumplir unas estrictas directrices para ser clasificados como bourbon. Fuente de la imagen: Flickr usuario Joseph Novak