Las diferentes ceras se ven afectadas por los tintes de diferentes maneras. Crédito de la imagen: Flickr User midnightcomm (CC BY 2.0)
A veces, los regalos llegan más lejos de lo que imagina quien los hace. En 1969, un estudiante de secundaria de Massachusetts no tenía dinero para hacerle un regalo de Navidad a su madre. Así que, con materiales caseros -cera, lápiz de color rojo, un poco de cuerda y un cartón de leche como molde-, hizo una vela para su madre. Pero antes de dársela, se la enseñó a su vecina, que quedó tan impresionada que le compró la vela, dejándole dinero suficiente para hacer dos velas nuevas: una para su madre y otra para vender. Casi cincuenta años después, aquel regalo de Navidad se ha convertido en Yankee Candle, el mayor fabricante de velas del planeta1.
En otras palabras, los fabricantes de velas saben que los pequeños actos pueden tener grandes efectos. Desde que Yankee Candle fue pionera en el proceso de fabricación de velas, la industria ha crecido de forma significativa, generando aproximadamente 2.300 millones de dólares en ventas en EE.UU. al año2.
Y con 400 jugadores en el juego, los fabricantes de velas deben trabajar duro para ganar ventaja, prestando mucha atención a sus procesos para asegurarse de que los pequeños errores -como perder lotes debido a la mala calidad del color- no tengan efectos de largo alcance.