A medida que el tiempo se vuelve más cálido y se pasa más tiempo al aire libre, aumenta la necesidad de proteger la piel del sol. Las ventas de protectores solares se disparan en verano, ya que los consumidores buscan productos eficaces. Fuente de la imagen: Boudewijn Berends, usuario de Flickr
El verano está a la vuelta de la esquina, y los días más largos y el tiempo más cálido atraen a la gente hacia el exterior para disfrutar del tan esperado sol. El tiempo soleado aparece en las farmacias y supermercados locales, donde los protectores solares han vuelto a invadir las estanterías, recordando a la gente la importancia de protegerse la piel.
El protector solar pasa por varias etapas de procesamiento antes de llegar al consumidor. La más importante es la medición del factor de protección solar (FPS), cuya determinación depende de un análisis químico. El número de FPS que aparece en el bote de loción indica el nivel de protección que ofrece el producto frente a los dañinos rayos UV. Sin embargo, medir con precisión el nivel de protección de un producto determinado es un proceso muy técnico. La espectrofotometría UV ofrece un método eficaz de análisis químico que puede ayudar a determinar el FPS. Estos datos pueden obtenerse de forma rápida y precisa, proporcionando un número cuantificable que muestra el nivel exacto de protección proporcionado.