En el pasado, la medición y el cribado del colesterol se limitaban a análisis de sangre, pero la nueva tecnología utiliza pruebas químicas cutáneas y espectrofotómetros para ofrecer una alternativa no invasiva. Fuente de la imagen: Neeta Lind, usuario de Flickr
Cuando mi marido y yo solicitamos por primera vez un seguro de vida, las bajas cuotas mensuales eran la máxima prioridad para nuestros escasos ingresos de recién casados. Diez años más tarde, nos dábamos de patadas por tener que renovar nuestra póliza, y una vez más se programó la visita a domicilio para controlar el peso, medir el colesterol y otros impertinentes análisis de sangre. Hace una década el colesterol no era un problema para nosotros, pero esta vez nuestros niveles eran elevados, así que decidimos empezar un nuevo régimen de alimentación más sana y un estilo de vida más activo para bajar los niveles.
En el pasado, la medición del colesterol se limitaba a incómodas extracciones de sangre y largos tiempos de espera para obtener los resultados de los análisis de laboratorio. Incluso con las nuevas tecnologías, la posibilidad de controlar el propio colesterol sigue requiriendo una visita al médico o un análisis clínico. Sin embargo, los investigadores sanitarios han estado desarrollando un nuevo método de medición del colesterol que permite un cribado sencillo y no invasivo mediante una prueba química cutánea que produce cambios de color en la piel y un análisis cromático con tecnología espectrofotométrica.