El color del café da pistas sobre su perfil de sabor. Crédito de la imagen: Flickr user Olle Svensson (CC BY 2.0)
Mi sentido del gusto carece de distinción. Entiendo bien los sabores generales -dulce, amargo, salado, ácido-, pero después de eso, todo es griego. En consecuencia, tiendo a dudar de que las diferencias de sabor por las que tanto alardean los sumilleres informales que conozco sean tan fuertes en la boca como en sus mentes. Así que, cuando mi amigo me dijo que podía percibir la diferencia entre tazas de café tan claramente que podía emparejar una serie de tazas con sus respectivos granos, le dije: "demuéstralo". Ese fin de semana, preparamos ocho tazas de café de ocho tostadores diferentes. Guardé un grano de cada bolsa para que él lo comparara con la taza. Después de un sorbo de cada taza, se quedó perplejo durante un minuto, probó unas cuantas tazas por segunda vez y luego emparejó las tazas con los granos. Acertó todas. "¿Cómo lo has hecho? le pregunté después de saldar la parte en metálico de nuestra apuesta. Por supuesto, me lo contó con mucho gusto.