La medición espectrofotométrica del color de los alimentos es un componente central de los protocolos de garantía de calidad en la industria alimentaria. Fuente de la imagen: Ed Gregory, usuario de Pexels
A muchos de nosotros nos gusta creer que elegimos los alimentos basándonos en datos científicos sólidos; leemos las etiquetas, tenemos en cuenta los ingredientes y seleccionamos los productos que encajan en determinadas categorías nutricionales. Si bien es cierto que podemos ser más educados y conscientes de la salud que nunca, la investigación ha demostrado repetidamente que por muy lógicos que creamos ser, nuestra elección de alimentos sigue siendo un proceso profundamente visceral en el que el color da forma a nuestra percepción tanto de la experiencia gustativa como del valor nutricional.1 Como escribe Tiffanie Wen, "el color es más importante que el etiquetado del producto e incluso que el sabor"2 Al mismo tiempo, el color de los alimentos puede ser un indicador muy real de la calidad de los mismos, dándonos pistas vitales sobre lo que podemos esperar de un artículo en particular e informando nuestras expectativas tanto de palatabilidad como de seguridad alimentaria.
El papel central que desempeña el color en nuestras experiencias psicológicas y materiales de los productos alimentarios hace que la medición del color sea uno de los componentes más importantes de los protocolos de garantía de calidad en la industria alimentaria. En la actualidad, prácticamente todos los grandes productores de alimentos utilizan instrumentos espectrofotométricos en sus instalaciones de fabricación para garantizar una coloración precisa tanto por motivos estéticos como de seguridad. Si conoce las opciones espectrofotométricas de que dispone, podrá seleccionar los mejores espectrofotómetros para el análisis del color de los alimentos en todos sus procesos de producción.