La percepción del color es el resultado de cómo los ojos de una persona perciben un color específico y cómo el cerebro procesa esa información. Nuestro estado de ánimo y nuestras emociones pueden influir en el funcionamiento del cerebro y aumentar la intensidad de un color. Aunque muchos científicos están de acuerdo en que hay variaciones en la forma en que las personas perciben y procesan los colores, nuestros cerebros los identifican de forma similar.