En la industria farmacéutica actual, la comprobación del color y turbidez de un medicamento líquido es uno de los pasos finales del proceso de fabricación. Sin embargo, con las prisas por minimizar el número de pasos necesarios para lanzar un producto al mercado o mantener los costes bajos en general, puede resultar tentador renunciar a las pruebas de turbidez como parte estándar de los protocolos de control de calidad. Después de todo, el análisis de la turbidez ha requerido históricamente pruebas espectrofotométricas separadas del análisis del color, lo que en última instancia significa una inversión adicional de tiempo y dinero valiosos. Y teniendo en cuenta los recursos sin precedentes que las empresas farmacéuticas ya están gastando en esfuerzos de investigación y desarrollo, añadir otro paso al proceso de control de calidad puede parecer innecesariamente ineficiente.
Sin embargo, la opacidad desempeña un papel fundamental en la percepción que el consumidor tiene de los productos farmacéuticos líquidos, y la eliminación de las pruebas de opacidad puede comprometer el atractivo del producto, la adherencia del paciente y su seguridad. Por lo tanto, no sólo es prudente medir la opacidad, sino que puede ser fundamental. Y hoy en día, es más fácil que nunca, gracias a la tecnología de vanguardia que garantiza que pueda incorporar fácil y económicamente la medición de la turbidez como parte estándar del proceso de control de calidad.
Preocupación de las empresas farmacéuticas por la rentabilidad
La cadena de producción de fármacos es más larga que nunca. Pueden pasar años desde el proceso inicial de descubrimiento del fármaco en el laboratorio hasta el día en que el paciente finalmente recoge el medicamento en su farmacia local. Y para las empresas farmacéuticas, cada una de las horas intermedias cuenta. En 2015, las empresas farmacéuticas gastaron un total de 141.000 millones de dólares en I+D, frente a los 108.000 millones de 2006, y se prevé que esta cifra aumente en el futuro, ya que los expertos estiman que la inversión total a escala mundial ascenderá a 161.000 millones de dólares en 2020.1 El gasto en I+D es esencial para mantener la competitividad en el saturado mercado actual, por lo que las empresas farmacéuticas buscan constantemente otras formas de reducir costes. Desde la investigación al desarrollo, pasando por la fabricación, cada prueba requiere tiempo y mano de obra, lo que en última instancia se traduce en una mayor inversión en el producto final.
En la industria farmacéutica actual, la presión para reducir costes es especialmente alta dada la creciente preocupación pública por los elevados costes de los medicamentos farmacéuticos. 2 Las empresas farmacéuticas se enfrentan al doble reto de hacer que sus productos sean asequibles para los pacientes y, al mismo tiempo, recuperar los costes y justificarlos ante los inversores o accionistas. Esto no deja lugar a la ineficiencia en ningún punto del proceso de investigación, desarrollo o fabricación. Incluso pequeñas mejoras en la eficiencia -como utilizar un único espectrofotómetro para medir tanto el color como la opacidad o eliminar la necesidad de pasos de medición separados- pueden tener implicaciones financieras significativas en un mundo en el que la eficiencia de costes es suprema.