La calidad y la frescura del pescado son fundamentales para garantizar tanto un sabor satisfactorio como la seguridad. Fuente de la imagen: Geoff Peters, usuario de Flickr
La frescura es una de las características más deseables e importantes marcadores de calidad del pescado, no sólo por su delicioso sabor, sino porque la ausencia de frescura puede tener graves consecuencias tanto para el disfrute como para la salud. El pescado es muy vulnerable al deterioro, que no sólo provoca un sabor indeseable, sino que también puede interferir en la seguridad al exponer a los consumidores a parásitos, bacterias y sustancias químicas nocivas. Por ello, la industria pesquera hace todo lo posible por preservar la frescura del pescado durante su procesamiento mediante prácticas de manipulación, almacenamiento y transporte estrictamente controladas y múltiples evaluaciones de calidad. Aunque históricamente la calidad del pescado se ha evaluado principalmente mediante métodos sensoriales, éstos suelen ser lentos, caros y difíciles de estandarizar.1 Los avances tecnológicos están aumentando la disponibilidad de métodos de evaluación no sensoriales en la determinación de la calidad del pescado, proporcionando resultados más rápidos, económicos e imparciales.
La industria pesquera recurre cada vez más a métodos no sensoriales para evaluar la frescura a lo largo de la cadena de suministro, ofreciendo a los consumidores productos de la máxima calidad. Fuente de la imagen: Usuario de Flickr Larry Jacobsen