El color nos rodea en cada momento de nuestras vidas y afecta a nuestras emociones, comportamientos y creencias de formas grandes y pequeñas, conscientes e inconscientes. El color puede crear un estado de ánimo, advertirnos de un peligro, darnos información crítica e incluso alegrarnos. A pesar de la presencia universal del color, sigue siendo difícil describirlo, en parte debido a las variaciones en la percepción del color de una persona a otra y en parte debido a la falta de descriptores para cada uno de los millones de matices que percibe el ojo humano.
La medición instrumental del color va más allá de los límites de la percepción y el vocabulario humanos y nos permite capturar la información del color como datos objetivos, creando un lenguaje común del color que es esencial para la comunicación dentro y entre industrias de todo el mundo, desde alimentación y bebidas hasta farmacia. Los dos tipos de instrumentos de medición del color más avanzados son los colorímetros y los espectrofotómetros, que utilizan tecnologías sofisticadas para cuantificar y definir el color con exactitud y precisión.
Aunque están estrechamente relacionados, estos instrumentos tienen cualidades únicas que pueden hacer que uno sea más adecuado que el otro para un tipo concreto de medición. Comprender las características de un colorímetro frente a un espectrofotómetro puede ayudarle a seleccionar la mejor herramienta para su aplicación.
¿Qué es un colorímetro?
Un colorímetro está diseñado para realizar un tipo de análisis psicofísico de muestras de color, lo que significa que sus mediciones se correlacionan con la percepción humana del color. En otras palabras, está diseñado para ver el color como nosotros.
Sus resultados son directos y se leen como valores triestímulos. Un valor triestímulo es aquel que identifica un color con caracteres que representan diferentes dimensiones de su apariencia visual. Un valor triestímulo puede contener valores como X, Y y Z o L, a y b. El "patrón oro" para los colores triestímulos es el Sistema de Color CIE, desarrollado por la Comisión Internacional de Iluminación (el CIE del título es la versión francesa de su nombre).
En un colorímetro intervienen unos cuantos componentes únicos.
- Iluminante: El iluminante representa una fuente de luz específica, como la luz diurna o la luz incandescente, para proyectar un brillo uniforme sobre el objeto. En un colorímetro, el iluminante es fijo.
- Observador: El observador estándar ofrece un campo de visión específico con el que analizar los colores. Un colorímetro suele utilizar un observador estándar de 2 grados, adecuado para la evaluación del color y el control de calidad.
- Filtro de absorción triestímulo: El filtro de absorción aísla longitudes de onda específicas que se aplicarán a la muestra.
Tipos de colorímetros
Los colorímetros son esenciales para determinar el color de forma objetiva y precisa. Sus distintas variedades miden el color con distinta profundidad y grado. Los tipos incluyen:
- Densitómetros: Miden el grado de oscuridad, o densidad, de un material semitransparente.
- Fotómetros: Los fotómetros de color miden cómo se transmite y refleja el color.
¿Cómo funciona un colorímetro?
El uso de un colorímetro suele basarse en la ley de Beer-Lambert, que nos dice que la concentración de un soluto es proporcional a su absorbancia. El colorímetro parte de una fuente de luz simple. Con la ayuda de una lente y de filtros de absorción triestímulos, el haz de luz se convierte en una longitud de onda única y focalizada que pasa a la solución de la muestra. Al otro lado de la solución hay un detector de fotocélula que identifica la cantidad de longitud de onda absorbida. El detector está conectado a un procesador y a una pantalla digital que ofrece una salida legible de los resultados.
Ahora que ya sabes cómo funciona, veamos los pros y los contras de un colorímetro.