Cuando paseo por mi barrio puedo perderme un poco en mis pensamientos. De algún modo, no presto atención al ajetreo de los peatones y los camiones de reparto que circulan por la estrecha plaza. El otro día caminaba así, sin prestar atención a lo que me rodeaba, cuando en mi camino vi un cono de tráfico naranja. Sobresalía. Me paré a mirar, y menos mal que lo hice. Una cuadrilla de trabajadores estaba bajando ramas del árbol que tenía encima. El rugido mecánico que había ignorado era el de una trituradora de madera que se estaba comiendo una rama de cuatro metros de una catalpa. Si no hubiera visto el cono, los trabajadores me habrían gritado (y saben palabras muy coloridas). O peor aún, podría haberme golpeado la rama que caía.
Los conos de tráfico ayudan a peatones y automovilistas a evitar zonas peligrosas. Crédito de la imagen: Flickr User D Coetzee (CC BY 2.0)