Los consumidores demandan alimentos más naturales y saludables prácticamente en todos los ámbitos, y la industria de los condimentos no es una excepción. El segmento del kétchup supone más de 8.000 millones de dólares anuales, y la gran mayoría del consumo de kétchup se produce en Norteamérica.1 A pesar de esta elevada cifra, el mercado está en declive debido en parte a la mayor concienciación sobre los riesgos de los conservantes y el alto contenido en azúcar que suele contener el popular condimento. Mientras los fabricantes buscan formas de aumentar el atractivo del ketchup eliminando estos aditivos, es posible que tengan que ajustar sus fórmulas para tener en cuenta el color.
El ketchup, sin embargo, puede ser un condimento sorprendentemente quisquilloso cuando se trata de la integridad del color. Todo, desde el tono del tomate hasta la duración y la temperatura de cocción, puede dar lugar a un color no deseado, demasiado oscuro o demasiado pálido. A medida que los fabricantes ajustan sus ingredientes, sigue existiendo la necesidad de encontrar formas de garantizar que el color del ketchup siga siendo visualmente atractivo para los consumidores. El uso de espectrofotómetros en el proceso de creación del ketchup es una solución ideal.
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