Las respuestas termocrómicas a las variaciones de temperatura ofrecen interesantes posibilidades para el envasado de productos en todos los sectores. Fuente de la imagen: Claudio Matsuoka, usuario de Flickr
Cuando estaba en sexto curso, uno de los símbolos de estatus más valiosos que una persona podía poseer era una camiseta Hypercolor. Las camisetas no tenían nada especial en cuanto a corte o estilo y, en retrospectiva, eran bastante poco atractivas. Pero lo que las hacía tan seductoras y codiciadas era su termocromismo -la capacidad de cambiar de color en función de la temperatura-, que proporcionaba entretenimiento sin fin a niños de 11 años fácilmente impresionables. Junto con el flequillo vaporizado y los pantalones de estribo, eran prendas imprescindibles.
Hoy en día, las tintas y tintes termocrómicos van más allá de influir en la vida social de las preadolescentes a través de cuestionables elecciones de moda. Los materiales avanzados que cambian de color se están convirtiendo rápidamente en una parte integral de los diseños de envases inteligentes que no sólo aumentan la comerciabilidad, sino que mejoran las experiencias de los consumidores y ofrecen ingeniosas salvaguardias de salud y seguridad. El desarrollo de envases con elementos termocrómicos depende de una medición precisa y objetiva del color para liberar el potencial de estos materiales innovadores.
Los fabricantes de cerveza utilizan etiquetas que cambian de color y reaccionan a las bajas temperaturas para reforzar la identidad de la marca y ampliar su cuota de mercado. Fuente de la imagen: Pexels