Crear el tono perfecto de blanco puede ser un proceso laborioso para los fabricantes de papel, textiles y plásticos. Fuente de la imagen: Celia Michon, usuaria de Unsplash
El blanco puede parecer la más sencilla de las tonalidades. Es el color de los vestidos de novia y los lienzos sin pintar, las batas de laboratorio y la nieve recién caída, y sugiere limpieza, frescura y pureza. Es una pizarra en blanco, un nuevo comienzo, una superficie impoluta. Sin embargo, los fabricantes de productos como papel, textiles y plásticos saben que la blancura puede ser complicada y que requiere una fabricación precisa para obtener el tono ideal. Desde la selección de las materias primas hasta la supervisión de los métodos de procesamiento, crear el blanco perfecto suele ser una tarea exigente.
En todas las industrias, los índices de blancura son una parte inestimable para determinar cuál es el blanco perfecto y garantizar que se produce de forma consistente. Sin embargo, a medida que los fabricantes modernos recurren cada vez más a los blanqueantes ópticos para mejorar sus productos, la precisión de la evaluación espectrofotométrica estándar de la blancura puede verse comprometida. La elección de sofisticados instrumentos y métodos de medición del color que puedan tener en cuenta los efectos de los blanqueantes ópticos en el papel, los textiles y los plásticos es esencial para obtener datos precisos y significativos.
Los índices modernos de blancura pretenden crear estándares de blancura basados en cómo la perciben los humanos. Fuente de la imagen: Unsplash usuario Adam Birkett