Oculta en los bizantinos pasillos del Servicio Secreto de Estados Unidos se encuentra una anodina biblioteca. En esta zona poco visitada se guardan los perfiles exactos de más de 11.400 tintas de escribir. Utilizando los últimos dispositivos de alta tecnología, los agentes pueden determinar el origen de cualquier tinta de escritura. Cada una contiene, dentro de su compleja composición química, pistas sobre su origen, pistas que pueden rastrearse hasta el fabricante, el año de producción e incluso el lote.
Sólo algunos investigadores selectos podrían comprender plenamente este proceso de análisis. Pero el hecho de que las tintas sean tan sensibles, tan infinitamente variadas, no debería sorprender a nadie que las fabrique.
¿Quién tiene la tristeza del bolígrafo?
Distintos fabricantes producen distintos materiales; distintos materiales producen distintas tintas. Como dice Lisa Hahn, Presidenta de Flexo Tech: "El azul no es azul, no es azul. Puede que yo tenga un azul algo clorado que tenga un tono verde. Pero un azul de la empresa A puede no tener el mismo tono de tinte verde que el de la empresa B. Aunque tengan el mismo grado de azul, el subtono no será el mismo."1
Por tanto, a la hora de gestionar la producción de tintas para bolígrafos, es esencial implantar un sistema eficaz de control de la calidad del color para identificar incluso pequeñas variaciones con respecto a las normas prescritas por los clientes o la empresa matriz.