Los sensores UV ofrecen a los consumidores una forma innovadora y sencilla de proteger su salud. Fuente de la imagen: Unsplash usuario Giammarco Boscaro
El cambio de color fotocrómico, es decir, el cambio de color de un producto debido a la exposición a los rayos UV, no es sólo una novedad en productos como camisetas o cosméticos que cambian de color. Cada vez son más las empresas que aprovechan el poder del cambio de color fotocrómico para crear productos con sensores UV diseñados para advertir a los usuarios de una exposición excesiva al sol. Uno de estos productos son las pulseras UV; después de ponérselas, el usuario se aplica protector solar tanto a sí mismo como a la pulsera. A medida que la exposición a los rayos UV aumenta con el tiempo de exposición prolongada al sol, la pulsera pasa de un color claro, casi translúcido, a un morado intenso, lo que indica que debe aplicarse más protector solar. Cuando la pulsera adquiere un color crema, advierte al usuario de que debe alejarse completamente del sol.
En un momento en el que 3,3 millones de personas sufren cada año algún tipo de cáncer de piel, a menudo relacionado con la exposición al sol, estos innovadores productos con sensores UV ofrecen a los consumidores una nueva forma de proteger su salud y bienestar.1 Sin embargo, la capacidad de la empresa para garantizar la corrección de la indicación UV es fundamental y la eficacia de estos productos depende de que los fabricantes realicen pruebas exhaustivas para garantizar que el cambio de color sea perceptible, fácilmente interpretable y correctamente cronometrado. Una de las principales formas en que los fabricantes pueden evaluar la eficacia de sus productos es integrando la medición espectrofotométrica del color en su proceso de producción, lo que permite conocer mejor el comportamiento del color.
El 80% de los rayos UV atraviesan los cielos nublados, lo que significa que el daño solar es siempre un riesgo. Fuente de la imagen: Unsplash usuario Pete Bellis