La próxima vez que la hierba parezca más verde en el lado de la valla de tu vecino, pregúntale si está ajustando sus aplicaciones de abono para el césped basándose en las mediciones de color del espectrofotómetro. Lo más probable es que le diga que se vaya de su césped. Pero si él también es un cultivador comercial de césped, su respuesta puede ser diferente.
Varios estudios1 han demostrado que existe una correlación directa entre la concentración de clorofila (y, por tanto, el color) del césped y los fertilizantes nitrogenados que se utilizan para alimentarlo. Pero los cultivadores comerciales también se enfrentan a una presión continua para conservar el agua y minimizar la fertilización artificial. Así pues, aunque para un simple propietario de una casa pueda resultar poco práctico ajustar el mantenimiento de su césped mediante mediciones ópticas, los cultivadores de césped pueden utilizar estos métodos para limitar el impacto medioambiental, reducir los costes de cultivo y producir un césped sano y estéticamente agradable.
Clorofila y abono nitrogenado
Los fertilizantes a base de nitrógeno se utilizan mucho en todo el mundo para producir céspedes sanos y de colores brillantes. El problema, por supuesto, es que si se utiliza demasiado fertilizante, éste puede contaminar tanto las aguas superficiales como las subterráneas2, lo que significa que hay que controlar cuidadosamente la cantidad y la aplicación durante las operaciones de cultivo. El exceso de nitrógeno puede afectar a los acuíferos a miles de kilómetros de la fuente de fertilización3, creando preocupaciones medioambientales lo suficientemente serias como para que la EPA esté abordando actualmente la escorrentía de nutrientes a nivel nacional4.
Esto significa que los cultivadores comerciales se ven atrapados en la búsqueda de un equilibrio entre una cantidad suficiente de fertilizante para satisfacer a los clientes y una cantidad tal que contamine inadvertidamente las fuentes de agua. Muchas explotaciones logran este equilibrio aplicando fertilizantes de acuerdo con calendarios establecidos y percepciones generales de la calidad del césped. Pero si la calidad parece baja o los programas de fertilización no están sincronizados con las condiciones de crecimiento, se corre el riesgo de fertilizar en exceso, aumentando tanto los costes operativos como los riesgos medioambientales. Y como los ciclos de exceso e insuficiencia de fertilización pueden descontrolarse rápidamente, un enfoque más específico es una especie de Santo Grial en el sector.
Espectrofotometría y crecimiento del césped
Las hojas del césped absorben y reflejan diferentes longitudes de onda de la luz en función de su estado de salud, por lo que se ha intentado medir este color con espectrofotómetros. Sin embargo, las primeras generaciones de espectrofotómetros se basaban en la luz solar natural como fuente de iluminación. Las variaciones de la luz solar de una hora a otra y con las cambiantes condiciones atmosféricas (nubes o lluvia) mermaban la fiabilidad de las mediciones y hacían prácticamente imposible establecer una base de datos de lecturas de control.
Los espectrofotómetros modernos son capaces de tener en cuenta las fuentes de luz natural cambiantes. Crédito de la imagen: Flickr user sagesolar (CC BY 2.0)