Los espectrofotómetros llevan décadas desempeñando un papel esencial en la evaluación de frutas y verduras. Ahora, los espectrofotómetros promueven una mayor ingesta de productos.
Ya en la década de 1920, los científicos utilizaron sistemas de evaluación basados en el color para determinar la calidad de frutas y verduras. Los primeros intentos fueron rudimentarios, empleando el uso manual de discos de correspondencia de colores Munsell y otras metodologías basadas en el análisis visual.1 Estos enfoques eran inherentemente subjetivos, dependientes del ojo humano, propenso a errores, lo que limitaba su precisión. Pero con la introducción del análisis espectral, la situación cambió. De repente, existía una forma objetiva de medir el color, que permitía a los investigadores categorizar con precisión la calidad de las frutas y verduras a través de los valores de reflectancia espectral en lugar de la poco fiable vista humana.
Hoy en día, los productores de frutas y verduras de todo el mundo utilizan espectrofotómetros para evaluar tanto el aspecto como la constitución de los productos. Estos sofisticados instrumentos permiten el más alto nivel de control de calidad para garantizar que sólo los productos más atractivos entran en el mercado. Además, los datos capturados orientan las prácticas hortícolas y protegen la salud y la seguridad públicas.
Pero aunque los espectrofotómetros han permitido producir productos más consistentes y atractivos a la vista, esto aún no se ha traducido en un mayor consumo de frutas y verduras. Ahora, los investigadores quieren cambiar esta situación.
A pesar de las numerosas pruebas de que las frutas y verduras aportan importantes beneficios para la salud, su consumo sigue siendo bajo.