El color de los frutos secos puede ser un importante indicador de sabor y calidad. Fuente de la imagen: Pexels usuario Tookapic
Los frutos secos han sido una importante fuente de alimento en todo el mundo durante miles de años. Aunque se cree que el consumo de nueces silvestres era habitual en varias culturas antiguas, las nueces también fueron "uno de los primeros alimentos cultivados", desempeñando un papel importante en el avance hacia las sociedades agrícolas y sirviendo como fuente estable de nutrientes para las primeras civilizaciones.1 En algunas culturas, el valor de las nueces era tan grande que llegaron a considerarse símbolos sagrados y alimento espiritual.
Hoy en día es fácil olvidar el importante papel histórico y cultural que han desempeñado los frutos secos. Sin embargo, siguen siendo un alimento apetecible por su delicioso sabor y su valor nutritivo, que los hacen atractivos tanto para los consumidores preocupados por su salud como para los que desean darse un capricho. De hecho, la popularidad de algunos frutos secos, en particular las almendras, está creciendo debido a la difusión del vegetarianismo y el veganismo, así como a la evolución de la percepción de la salubridad de las grasas.2
Pero aunque los frutos secos son muy codiciados, los productores deben tomar medidas para garantizar el mejor sabor, calidad y atractivo visual con el fin de atraer y mantener a los clientes. Para ello se requieren rigurosos protocolos de control de calidad que permitan detectar materias primas indeseables y procesamientos incorrectos, especialmente en frutos secos tostados y cocidos. La medición espectrofotométrica del color desempeña un papel esencial en la aplicación de tales medidas de control de calidad, proporcionando a los operadores la información crítica necesaria para crear los mejores productos posibles.
La medición espectrofotométrica del color en los puntos de procesado adecuados es fundamental para obtener datos de color significativos. Fuente de la imagen: Annie Spratt, usuaria de Unsplash