Cambiar el color de una pastilla puede hacer que los usuarios sean menos propensos a tomar la medicación necesaria. Fuente de la imagen: Shutterstock usuario White bear studio
El color de las píldoras recubiertas no es sólo una cuestión estética: puede influir en la forma en que los consumidores identifican y utilizan los medicamentos. Por ejemplo, los autores de un estudio sobre el impacto del aspecto de las pastillas en la percepción del consumidor señalaron que un "cambio en la forma o el color de los medicamentos puede contribuir a que los pacientes abandonen el tratamiento"1 Esto puede deberse en parte a que los usuarios dependen del color de las pastillas para saber qué tomar y cuándo, ya que muchos usuarios identifican sus pastillas por su color en lugar de por su nombre. Las empresas farmacéuticas también emplean cada vez más el color para protegerse contra la falsificación, un problema importante ya que la industria de las pastillas falsificadas, valorada en 431.000 millones de dólares, sigue creciendo.2 Debido al papel fundamental que desempeña el color en el uso farmacéutico, tanto para los consumidores como para las empresas, la gestión del color se convierte en una parte esencial del proceso general de control de calidad.
Sin embargo, trabajar con muestras de píldoras recubiertas puede plantear una serie de dificultades. Es especialmente preocupante poder analizar una representación considerable de un lote y obtener datos precisos de una superficie de muestra no uniforme. La elección de la instrumentación espectrofotométrica correcta es necesaria para superar estos retos y obtener datos significativos de la medición del color.
Algunos espectrofotómetros no están diseñados para manejar muestras no uniformes, lo que impide la medición rápida del color de las pastillas recubiertas. Fuente de la imagen: Shutterstock usuario Wanannc