El hormigón prefabricado ofrece importantes ventajas prácticas y estéticas, como su amplia gama de posibilidades cromáticas. Fuente de la imagen: Unsplash usuario Luca Rüegg
El hormigón es conocido por su notable resistencia y durabilidad, su asequibilidad y sus reducidos requisitos de mantenimiento, lo que lo hace idóneo para su uso en una variedad prácticamente infinita de aplicaciones. Desde aparcamientos a traviesas de ferrocarril, pasando por productos agrícolas o muros de contención, la extraordinaria versatilidad del hormigón lo convierte en "el material artificial más utilizado del mundo"1 Sin embargo, el atractivo del hormigón no reside únicamente en su practicidad; también puede tener un importante atractivo estético. Los propietarios de viviendas recurren al hormigón para embellecer sus propiedades, ya sea mediante intrincados pavimentos modulares, encimeras de vanguardia o exteriores contemporáneos. Por su parte, los diseñadores utilizan cada vez más el hormigón de formas estéticamente innovadoras para mejorar la apariencia de los espacios públicos y dar forma a nuestra experiencia del mundo que nos rodea.
Este amplio atractivo se debe en parte al hecho de que el hormigón, especialmente el prefabricado, puede fabricarse en una infinita variedad de colores. Tanto si un cliente desea crear un nuevo y atrevido edificio público como si simplemente desea actualizar su cocina, los fabricantes de prefabricados de hormigón pueden utilizar el color para ayudarle a conseguir el aspecto perfecto. Sin embargo, con tantas variables en juego, conseguir el tono ideal puede ser todo un reto, y la medición objetiva del color es necesaria para desarrollar procesos de fabricación que den como resultado el aspecto deseado. Por ello, los espectrofotómetros desempeñan un papel cada vez más importante en la producción de prefabricados de hormigón.
En el color final del hormigón influyen diversos factores, desde las materias primas hasta el acabado final. Fuente de la imagen: Unsplash usuario Denys Nevozhai